lunes, 26 de octubre de 2009

Yo de mayor quiero ser....




Siempre me han generado cierta intranquilidad los reportajes de moda con niños. Pero no las exhibiciones de moda infantil de las revistas, sino más bien la necesidad de extrapolar la vida adulta a la infancia.
Buscamos sin duda, convertir a nuestros hijos, nietos o sobrinos en consumidores potenciales, en los compradores compulsivos del mañana. Generamos en ellos necesidades que no lo son , y luego nos encontramos con este tipo de reportajes-engendro en el que vemos niños peinados a la última, vistiendo como auténticos trendsetters, cuando en realidad tienen que están llenos de churretes, arena en los bolsillos y ganas de investigar.
Porque eso, vestir a niños como adultos, me chirría tanto como cuando una persona de edad muy avanzada pretende seguir vistiendo como si tuviera quince años.
Y es que afortunadamente tenemos tantísimas alternativas en el vestir actualmente, que resulta factible ir acorde con tu edad, y tener un estilo propio, moderno y terriblemente trendy.
Hace unos meses, uno de estos especiales sobre niños a los que Telva (esa revista para la media de mujeres conservadoras del país) nos tiene acostumbrados, incluía uno de estos esperpentos en los que vestían a nobles infantes como profesionales liberales, la estilista, el médico, el fotógrafo y un largo etcétera de oficios con unas pautas de indumentaria muy definidas. Y he de reconocer sin duda que las combinaciones y la realización eran impecables, pero todo lo que subyace a eso me pareció desmoralizador. Estableciendo un clasismo absurdo en seres imberbes, y por supuesto inculcando en tan tiernas mentes, no el hecho de ir bien vestidos sino de la necesidad de ser chic para tener encanto.
Y es que se me pone la carne de gallina al ver a todas esas supermamás conciliadoras que aparecen continuamente en las revistas. Personajes que parecen sacados de los tiempos del señoritismo de décadas pasadas.
Me río al leer en una entrevista a Adriana Abascal, que ella tras dejar a sus hijos en el colegio (cosa que no se perdería por nada del mundo), intenta dedicar un poco de tiempo a su hija Jimena que aún es muy pequeña. Me encantaría saber cual es el concepto ese de maternidad o paternidad en el que el tiempo de los hijos tan solo intenta darse. Y es que aunque haya que hacer piruetas en la agenda, las personas de a pie si que son las que hacen todo lo posible para conciliar eso que llamamos vida. Y todo eso llevando a sus niños como auténticos pinceles, guapos, modernos, divertidos pero sobretodo disfrazados de niños, ya habrá tiempo para que sean adultos…

ilustración TINTAVIA

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Retrato de una máscara. Lo que el tiempo esconde, personaje lorquiano en busca de amor.

Pilarcita Galíndez había sido de una belleza especial. Exótica y entusiasta, camina delicada, como si continuamente serpenteara entre una muchedumbre abrumada por su desparpajo.
Se fue pobre y volvió convertida en la sombra de lo que fue, un espantapájaros. Un muñeco roto excesivamente maquillado y cubierto de plumas de marabú marchitas. A todo eso había que añadir un hijo famélico sin padre reconocido, según su madre huérfano, en realidad, abandonados.
La red de mentiras era tan sólida como el bloque de apartamentos del que era portera.
Pilarcita confunde la noche con el día y no distingue lo que es verdad de lo que no lo es. Bebe a escondidas o al menos eso cree ella. Juega y bebe para olvidar. El hambre y la podredumbre le arrebataron a su niño. Se cobija en la noche y se entrega a hombres que no ven en ella más que a una vieja desquiciada que no deja de fantasear con el pasado. Está rota de amor, quebrada y sin salida.
La risa transforma su rostro en un amasijo de sufrimiento, una mueca borrosa, los surcos del esperpento.
Cae en frecuentes ensoñaciones, tiempos lejanos en Roma y París, sus ojos brillan cristalinos cuando se siente transportada, y un hilito de verdad aprieta su corazón deshecho de tanto gris y tanto negro. El invierno jamás se aleja de su interior.
El paso del tiempo pesa, y su cuerpo marcado se arrastra desorientado por los días de las semanas y las horas del reloj.
Le gusta el amarillo, y no perdona el aperitivo. Le encanta el vermú, el del desayuno, el de antes de almorzar, el de después…
Oye la radio, todos los días se acuesta en París y despierta en un camastro destartalado. Hace años que no cree en las estrellas;
Tiene un leve acento, italiano tal vez, de sus tiempos en Roma. No recuerda cuando empezó a hablar así, son pocos los que quedan que la conocieron de jovencita. Éstos se ríen de tal excentricidad.
No es una gran dama. Sorpresas de la vida. Le gustan las flores. Siempre sale perfumada a la calle, perfumada de nardos, de camelias… perfumada de penas.






Este es mi particular homenaje a todas aquellas Normas Desmond, a las mujeres que se quedaron solas y ajadas tras la guerra o a cualquiera cuya existencia se vio truncada. Un simple ejercicio por ver que hay detrás de aquellas personas en las que desconfiamos. Puro teatro…

viernes, 25 de septiembre de 2009

everything is ILUMINATED...





DECIDIDAMENTE todo está iluminado, de alguna forma las cosas navegan por buen camino. Paso a paso todo se enciende y se apaga a nuestro alrededor, como si tuviéramos en los dedos el asombroso poder de revitalizar el tiempo, las imágenes o los recuerdos... ¿será esta la manera de encontrarnos?.... y es que sin lugar a dudas everything is iluminated.
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